Centro de Historia Intelectual, Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Quilmes

  Volver a Prismas,  vol. 23, núm 2, 2019

 

 

Presentación

Gabriel Entin

conicet-Universidad Nacional de Quilmes / Universidad Nacional de San Martín

 

Con frecuencia el siglo xix latinoamericano es analizado en la historiografía a partir de un eje de lectura: el republicanismo. Sin embargo, más que una evidencia y una clave para la comprensión de aquel período, el republicanismo refiere a un problema y a un enigma a dilucidar en la exploración histórica. ¿A qué nos referimos cuándo hablamos de republicanismo? ¿Por qué, luego de tres siglos de monarquía, Hispanoamérica se volvió republicana en menos de dos décadas de revolución y ante un escenario europeo de restauración monárquica? ¿Cuáles eran las características de las formas de gobierno de la república? Además de la existencia o ausencia de un rey, ¿en qué se diferenciaba una república de una monarquía? ¿Cómo periodizar el republicanismo revolucionario? ¿En qué se distingue el republicanismo del liberalismo y de la democracia? ¿Cuánto de local, atlántico o global tiene el republicanismo del siglo xix en América Latina?

En un contexto, iniciado hace nueve años, de conmemoración de los bicentenarios de las repúblicas en Hispanoamérica, el objetivo de esta sección de Prismas consiste en pensar el republicanismo como forma de reexaminar la historia de aquellas repúblicas tomando en serio la perspectiva transnacional, conectada y atlántica. El texto que publicamos de Clément Thibaud representa un desafío para incorporar contribuciones de las historiografías más innovadoras sobre las revoluciones atlánticas con el propósito de explorar el republicanismo y sus problemas constitutivos referidos a la escala, período, actores, forma, lenguajes, y a su propia polisemia como categoría heurística.

Con su propuesta de una “historia policéntrica de los republicanismos atlánticos” Thibaud busca descentrar (“desprovincializar”, señalará) la historia de la república del “marco teórico, metodológico y geográfico” con el que usualmente se la asocia en la historiografía del republicanismo: la Europa medieval y moderna desde el Renacimiento italiano hasta la revolución de las trece colonias británicas en América del Norte, pasando por las Provincias Unidas de Holanda y la Gran Bretaña. Este marco, que Thibaud denomina “modelo republicanista”, es el desarrollado por los autores de la llamada Escuela de Cambridge (J. G. A. Pocock y Quentin Skinner).

Con este propósito, el historiador articula una serie de hipótesis: 1) el continente americano en su parte anglosajona, francesa e hispánica constituye el “epicentro” del republicanismo entre 1770 y 1880, y debe vincularse con momentos republicanos en Europa, el Brasil y estados costeros del África; 2) este republicanismo se vuelve inteligible menos por su aversión a la monarquía que por su oposición al imperio; 3) la lucha contra el imperio y la naturaleza colonial de las sociedades en América explican la centralidad del republicanismo en el continente y su asociación con principios y valores del derecho natural y del liberalismo; 4) el republicanismo se inscribe en un Atlántico que desde el siglo xvi en adelante funciona como un espacio común atravesado por la construcción de los imperios europeos, la trata de esclavos y el comercio colonial.

Para Thibaud, el republicanismo daría forma a las revoluciones atlánticas y revelaría también su “parte oscura” condensada en la revolución haitiana: la proclamación de la república y de los derechos del hombre y del ciudadano no significaría ni una sociedad de iguales, ni la abolición efectiva de la esclavitud hasta la segunda mitad del siglo xix. Según explica el autor, la historia policéntrica de los republicanismos atlánticos implicaría “pensar la construcción de formas modernas de emancipación política y social llevadas a cabo por actores no europeos o mestizos que se encontraban fuera y, al mismo tiempo, en relación a la matriz noratlántica”.

La cartografía que Thibaud traza del laboratorio republicano atlántico es sugerente, ambiciosa, fascinante y problemática, como muestran en los comentarios al texto dos de las principales historiadoras de la nueva historia política latinoamericana, especialistas también en el republicanismo del siglo xix hispanoamericano. En efecto, Hilda Sabato, autora de Republics of the New World. The Revolutionary Political Experiment in Nineteenth-Century Latin America (Princeton, Princeton University Press, 2018), plantea que la pregunta por la elección de la república en Hispanoamérica continúa abierta en la medida en que, por un lado, constituyó una opción política entre otras posibles e igualmente antiimperiales y, por el otro, representó la institución de nuevas comunidades políticas que no podrían explicarse por lo “ya existente”.

Por su parte, Marcela Ternavasio indaga la hipótesis antiimperialista del republicanismo atlántico y se pregunta por qué el Brasil, siendo una sociedad colonial, no optó por la república durante su independencia. La interrogación de Ternavasio, quien desde la publicación de Candidata a la corona. La infanta Carlota Joaquina en el laberinto de las revoluciones hispanoamericanas (Buenos Aires, Siglo xxi, 2015) explora las relaciones luso-hispánicas en América durante las revoluciones, lleva a incorporar otras variables a los argumentos de Thibaud, y a complejizarlos; por ejemplo, contemplando la posibilidad de que un imperio se vuelva colonia, como sucedería con Portugal respecto del Brasil.

En síntesis, la propuesta de Thibaud y los comentarios de Sabato y Ternavasio diseñan un mapa histórico-conceptual de un laberinto republicano atlántico en Hispanoamérica que recién en la última década tomaría forma como problema historiográfico. o